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El legado silencioso de Ozelot en el Ideal

OZELOT: LUZ Y GENIO

 
EVOLUCIÓN
 
 Hace muchos años ya que empecé a ver la vida de forma diferente. Mis circunstancias me empujaron a asomarme a un mundo en el que no creía, el del chamanismo; pero lo que vi entonces cambió mis creencias para siempre. Empecé a ser consciente de que este mundo consistía en algo más allá que un montón de cuerpos biológicos que comparten un planeta durante un tiempo determinado. De un día para otro, empecé a creer en una inteligencia implícita en el Cosmos, y me di cuenta de que el “sentido” de la vida no hacía referencia a su utilidad, sino a su dirección.
 
 Pero, ¿cuál es esta dirección o sentido?
 
 Durante años, traté de responder a esta pregunta. La respuesta era sencilla, y estaba a ojos de todos: si la vida tiene un sentido, éste es visible a través de la Evolución. 
 
 Tardé un libro entero en explicarlo, pero finalmente lo logré. La vida evoluciona a través de nosotros, y lo hace en términos de consciencia -y de amor-. Cada vez, especies más capacitadas para comprender; pero, al mismo tiempo, especies cada vez más capacitadas para amar. Es la propia Naturaleza la que nos impulsa a ello: Desde la aparición de los mamíferos, ninguna cría sobrevive si no es con el amor de su madre. Sin amor, no hay evolución. Por eso, acabé comprendiendo que el sentido de la vida nos lleva irremediablemente al sentimiento más puro que podemos conocer: un sentimiento universal que no sólo nos une a otros humanos, sino a toda la vida… a todo el Cosmos.
 
 Si no fuese por la aparición de una planta, si no fuese por cruzarme con un chamán en el momento adecuado… probablemente, yo jamás habría “despertado” de mi vida anterior para darme cuenta de absolutamente nada. Entré una y otra vez en aquellas experiencias durante años, y leí kilos de libros para poder poner palabras a todo aquello. Fue un duro trabajo sobre mí mismo, un trabajo que todavía tiene mucho por hacer, y que durará toda mi vida.
 
EL BUENO DE OZELOT
 

  Al poco tiempo de venir a vivir a Granada, un amigo con quien compartía mis experiencias en DMT, quiso enseñarme una canción. Yo llevaba ya años desapegado del mundo del hip-hop, y sinceramente no pensaba que fuese a llamarme mucho la atención; pero entonces, escuché aquel tema “Por qué existe algo en lugar de nada”, once minutos de pura luz y filosofía en los labios de alguien que era desconocido para mí. No es cuestión de decir si aquel era “el mejor” tema de rap que había oído nunca; sino que aquel tema hacía que cualquier otro anterior pareciese una canción de los Teletubbies. Aquel chico volaba a otro nivel, estaba en otro lugar que muy pocos logran ni siquiera comprender. Jamás una letra me había atrapado como aquella.

  Yo me encontraba en un momento de la vida en el que no creo en las casualidades, así que decidí que, si aquella canción había llegado a mí, era porque quizás tenía que conocer a la persona que había detrás. Por eso, lo primero que hice fue tratar de contactar con él. La enorme sorpresa que me llevé fue que, al llamarle, resultó que los dos vivíamos a menos de diez minutos. El destino hilaba fino, las señales eran evidentes.

 Primero fui a verle tocar en directo, de eso hace justo un año. Me sorprendió la cantidad de gente que fue a verle; pero, más que eso, el ambiente que había en la sala; la “buena vibra”. La gente cantaba las letras con devoción, aunque no encontrabas muchos raperos entre ellos. Eran personas de lo más variadas, más o menos variopintas, de diferentes edades, y sin ningún vínculo aparente entre ellas salvo el sentimiento de unión por aquellos textos. De nuevo, miré a aquel chico, y pensé que era especial. Su magnetismo no dejaba indiferente a nadie, era una obviedad.
 
 Cuando por fin logré quedar con él para tomar un café, confirmó todas mis expectativas. Todo aquel conocimiento, todas aquellas maravillas que escribía, parecían llegar a él de manera natural, sin saber cómo ni por qué. Sus conocimientos no le venían de los libros, ni de otros maestros; sino que brotaban de él de un modo que ni él mismo sabía explicarme. Parecían estar implícitos en él. Es posible que, después de aquella tarde, él creyese que a mí se me había pirado la cabeza, pues no me cortaba a la hora de expresarle lo que pensaba sobre él. Él era diferente, y una bendición para todos
 
 Siempre he pensado que, por lógica evolutiva, es la propia Naturaleza la que provoca que aparezcan este tipos de personas; Seres que, aparentemente, gozan de una mayor facilidad para la “iluminación”, y para trasladar esa luz a los demás. Mientras que otros tenemos que esforzarnos muchísimo para comprender, las nuevas generaciones parecen regalarnos de vez en cuando esos llamados “niños cristal”, que ayudan a iluminar a los que tienen a su alrededor; y, en definitiva, a hacer un mundo mejor para todos. Estoy seguro de que la Evolución la marcan personas como éstas; los demás sólo vamos a su rebufo.
 
 Por entonces, yo no sabía nada de su enfermedad, ni de la terrible guerra que estaba librando. Él era sutil, hermético con su problema; no quería que nadie sintiese pena por él, ni quería implicar a nadie más en su batalla. Yo mismo no lo supe intuir hasta el final, y esto es algo que siempre me pesará. Ojalá lo hubiera sabido, ojalá me hubiese podido despedir de él en mil tardes, escribirle para preguntarle cómo estaba… todo esto ha dejado un extraño vacío en mí. Su pérdida me dejó trastocado, mucho más roto de lo que correspondía a una amistad que apenas estaba naciendo; y no paro de decirme que mi dolor no es por mi pérdida personal, sino porque soy consciente del Ser que se nos ha ido. A todos.
 
 

 Sé que, si algún día escribo un segundo libro, Fer tendrá un capítulo de honor en él, porque él representa todo lo bueno de lo que podemos tener los humanos; que es justo lo contrario de lo que solemos mostrar. Sin ego, sin afán de fama, sin codicia ni maldad, ni envidia… lo que él hacía, lo hacía porque le brotaba de manera natural; y no lo hacía para sí, sino para los otros. Qué maravilla.

Qué bonito será el mundo cuando hayan más como tú.

Hasta pronto, mi buen amigo. Descansa en paz.

 

Imagen del vídeoclip  “El ciclo del carbono”
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